Guía
QR o NFC: qué funciona mejor para pedir reseñas en Google
Los dos llevan al mismo sitio. La diferencia está en cuánta gente llega hasta el final, y en eso no se parecen tanto como cabría esperar.
Si has buscado cómo conseguir reseñas habrás visto las dos opciones: la placa con un código QR impreso y el soporte con chip NFC que se activa acercando el móvil. Ambas hacen lo mismo sobre el papel, que es abrir tu ficha de Google. En la barra de un bar un miércoles a las dos y media, no se comportan igual.
Cómo funciona cada uno
El QR es una imagen impresa. El cliente saca el móvil, abre la cámara, apunta al código, espera a que enfoque y pulsa el aviso que aparece. Funciona en cualquier teléfono con cámara, desde hace más de diez años.
El NFC es un chip sin batería metido dentro del soporte. El cliente acerca el móvil y el teléfono lee el enlace por proximidad, sin abrir nada. Es la misma tecnología con la que se paga con el móvil o se pasa el abono de transporte.
| QR | NFC | |
|---|---|---|
| Gesto | Sacar móvil, abrir cámara, apuntar, enfocar, pulsar | Acercar el móvil |
| Compatibilidad | Prácticamente todos | iPhone XR/XS (2018) en adelante y casi todos los Android recientes |
| Con poca luz | Falla a menudo | Le da igual |
| Coste | Imprimirlo | Unos euros el chip |
| Cambiar el destino | Hay que reimprimir | Se reescribe encima |
Dónde falla el QR
El QR no falla por la tecnología, falla por el contexto. En una terraza a mediodía el reflejo del sol en el plástico impide enfocar. De noche, en un bar con luz cálida y baja, la cámara tarda. Si el cartel está en la pared detrás de la barra, el cliente tiene que estirarse y acaba desistiendo.
Y hay un detalle que se pasa por alto: mucha gente mayor no sabe que la cámara del móvil lee códigos. Le dices «escanea el QR» y te mira.
Dónde falla el NFC
Por honestidad, también tiene sus pegas. En iPhone la lectura automática funciona desde el iPhone XR y el XS, de 2018; los anteriores necesitan una aplicación. En Android lo llevan casi todos los modelos recientes, pero algunos vienen con el NFC desactivado en los ajustes y hay que encenderlo.
Y hay que acercar bastante: no basta con pasar la mano por encima, hay que apoyar el móvil un segundo. Con carcasas muy gruesas o con anilla metálica a veces cuesta.
Entonces, ¿cuál elijo?
Lo sensato es no elegir. Un soporte con el chip NFC dentro y un QR impreso en la misma cara cubre a todo el mundo: el que tiene móvil moderno lo apoya y listo, y el que no, escanea. No cuesta más, porque el QR es tinta.
Si tienes que quedarte con uno solo, piensa en tu clientela. En un bar de barrio con gente mayor, el QR grande y bien impreso puede llegar a más manos. En una peluquería o una clínica, donde el cliente está sentado y con el móvil ya en la mano, el NFC gana por comodidad.
Dónde ponerlo importa tanto como cuál sea
Da igual la tecnología si está en el sitio equivocado. Tiene que estar donde el cliente se para: junto al datáfono, al lado de la caja, en el mostrador de recepción. Nunca en la pared del fondo ni pegado al cristal de la entrada, donde nadie se detiene.
Y tiene que verse desde donde se paga, no desde donde se entra. El momento bueno son los diez segundos en los que el cliente espera a que le devuelvas la tarjeta.
Lo que ninguno de los dos arregla
Ni el QR ni el NFC convencen a nadie. Solo quitan pasos. Si el cliente no ha quedado contento, no va a dejar cinco estrellas por muy fácil que se lo pongas, y si nadie le sugiere nada puede que ni se lo plantee.
Lo que funciona de verdad es la combinación: un servicio que merezca la reseña, alguien que la pida sin vergüenza y algo en el mostrador que la haga inmediata.
Cómo lo resuelvo yo
Parroquiano es un soporte de sobremesa con chip NFC ya programado con el enlace de tu ficha de Google, y con sitio para imprimir un QR al lado si quieres cubrir también los móviles antiguos.
Lo pruebo con un Android y un iPhone antes de entregártelo, y te lo llevo en mano por Madrid en 24-48 horas. Si mañana cambias de ficha, lo reescribo y sigues usando el mismo.
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